Archivo para noviembre, 2007

Mi cabeza con llave.

Posted in General on noviembre 29, 2007 by agustinvidal
Debería estar estudiando.
No me gusta tirar la toalla. Pero está tan mojada que pesa un planeta. La cabeza llena de agua. Hay gente que no llora, que no puede. Vomitar, liberar, vaciar, empezar de nuevo.
Palabras, palabras y más palabras. Cada una pesa un planeta, un sistema solar de agua. Y la gente que no puede empezar de nuevo se ahoga. Agua en los pulmones, en el corazón. La confusión hirviendo en la cresta de un maremoto de pensamientos rumiantes que se enroscan unos sobre otros arrasando con todo. Esqueletos blancos estallan en las nubes. Tormenta.
Debería estar estudiando.

"La muerte está a la vuelta de la esquina"

Posted in General on noviembre 29, 2007 by agustinvidal

Cavilaciones matutinas.

Posted in General on noviembre 12, 2007 by agustinvidal
5.00 AM.
Mi despertador pasó al otro mundo hace rato, ahora, las almas del purgatorio sumergen sus largas manos dentro de mi mente y me traen a la superficie, al mundo de la vigilia. Luego de agradecerles a estos muchachos por despertarme a la hora de siempre, cumplo con la rutina de enroscarme en las sábanas, saboreando su placentera calidez y comodidad. Arenas movedizas.
5.17 AM.
Sigo buscando los benditos pantalones. Daría vuelta la casa para encontrarlos, pero ¿bajarían por la chimenea, por efecto del embudo? Nunca limpiamos la chimenea, así que mejor le pregunto a mamá a ver si los vio.
Me deslizo por las escaleras y nado en la oscuridad hasta llegar al cuarto de mis padres que yacen apagados sobre la cama. “Mamá, ¿viste mis pantalones?…”
4, 3, 2, 1… El despertador de mi vieja despega desde la mesita de luz en dirección a mi jeta, con propulsión diesel de loca semi-consciente. Houston, tenemos un problema. Pared. PUM. La comunicación se corta; finalmente le había llegado la hora al despertador.
Si, mi madre reacciona así cuando recién se enciende. Antes de tomar el primer café del día no es Sara, ni siquiera es una persona; sólo es una especie de zombie sediento de la sangre oscura de la cafeína. Su petróleo, su combustible. Capaz el tarro de café guarde una parte de su personalidad, y ahora yo esté tomando un pedacito de su esencia. Es rica, pero amarga… Ahora que pienso, el hilo de humo que se desprende de la taza tiene pinta de ser su alma.
6:13 AM.
Esperando el tren. Amigo tóxico en mano. Dicen que fumar es como suicidarte en cuotas, pero eso implicaría tener la intención plena de quitarse la vida y nadie fuma para eso. Si alguna vez esa idea me lamiera la mente, no podría reducirla a cómodas cuotas de nicotina, no tendría paciencia. Una auténtica idea de suicidio tiene una bala pisándole los talones mientras cruza la cabeza.
Creo sentir la vibración del tren y volteo para ver cómo aquella serpiente blanca y azul se acerca deslizándose sobre las vías. Todavía tengo la imagen del alma de mi mamá ondulando sobre la taza; es bastante parecida al humo del cigarrillo en mi mano. ¿Será también que estoy liberando algún alma condenada a permanecer encapsulada en aquél tubo?
Me subo al tren preguntándome si mi alma reencarecería en una planta de tabaco o en algún grano de café. La libertad en una pitada, en un trago. Sólo espero tener alma Marlboro y no Viceroy… y llegado el caso, que el Demonio acepte Philip Morris.

Dibujando en el paint. Lo llamo "mirada sensual" (?)

Posted in General on noviembre 9, 2007 by agustinvidal

Pensando por un sueño.

Posted in General on noviembre 7, 2007 by agustinvidal
¿Por donde cagaba el televisor los restos de mi cerebro?
El sillón me agarraba fuerte, imperioso, tomándome del cansancio de cada músculo. Que injusto resultaba aquél complot de la caja-diosa de colores y la mole tapizada. Bueno, al menos estos pensamientos eludían las cadenas de “Bailando por un sueño” que se enroscaban en las mentes de mis hermanos, atrapados también a mis costados.
Que se yo, la gente de blanco dice q estoy enfermo. Que no paro de pensar, que mi cerebro no se detiene, ni de día ni de noche… Todo el tiempo está dándole vida a un juego de preguntas y respuestas interminable, una tormenta eléctrica encapsulada dentro del cráneo.
Esta fiesta electrónica de neuronas me trae problemas, pero es la misma orgía de pensamientos la que me libera del sillón y me trae acá arriba, al cuarto de la otra caja esclavizante, pero que supe engañarla y ahora la uso para entretejer mis alas con párrafos y así llegar al sol. Los párrafos no se derriten como la cera. Libertad. Mi libertad encerrada en un disco rígido, que irónico. En fin, es así como me sirvo de la tecnología y la creación humana para contraatacar los problemas que la tecnología y la creación humana causan. Fuego con fuego.
Mente con mente.
Y es ahí cuando la luna nos da la espalda y muestra su lado oscuro. El problema. La mente contra la mente, una batalla que termina sólo con una sepultura y la etiqueta de un nombre escrito en piedra, para que los gusanos sepan al menos a quien están comiendo. Las ideas no te inflan la cabeza, pero si hay una superproducción, muchas de ellas comienzan a colisionar, generando explosiones de confusión. Eso es la enfermedad, cuando la plaga virtual va ganando territorio por la corteza prefrontal, extendiéndose como una tela negra de pensamientos enfermos. Si no se hace nada al respecto, la noche oscurece la razón, y terminás en esos lugares ilógicos de cuartos blancos y ropas blancas, como si el resto del mundo cuerdo quisiera contrarrestar la oscuridad de tu cabeza.
Dejé de escribir un rato y volví al calabozo de abajo. En “Bailando por un sueño”, dos pechos discutían contra un par de glúteos. No llegué a escuchar el eructo de la caja-diosa, pero el aire olía a centro libidinal masticado. Creo que es el plato favorito de la televisión.
Ninguno de mis hermanos hablaban en el calabozo, debe ser mala educación hablar cuando ella está hablando.
Alguno cambió de canal. Apareció un hombre sentado y hablando sobre todas las tragedias del día. Un desfile de autos destrozados, mentiras políticas, animales con formas de personas peleando, y un violento etcétera pasaron por nuestra retina.
De a poco creo entender lo que me pasa. Tengo la capacidad de ver la enfermedad ajena donde los otros no la ven. Y eso debe ser lo que me enferma.
El sillón me dejó ir, y subí las escaleras para inmortalizar estos pensamientos.