Archivo para abril, 2008

Mi primer trauma.

Posted in General on abril 30, 2008 by agustinvidal

Primer grado, Colegio San Agustín.

Era una de las primeras clases de computación y me senté con una compañera que no recuerdo el nombre, pero sí que me gustaba. Ya de muy chico era una persona calculadora, así que sabía perfectamente que la pantalla de la computadora sería probablemente una de las pocas cosas que permitirían aquél acercamiento hacia ella sin que mis sentimientos salieran a la luz.

Los primeros minutos se pasaron en pensamientos recurrentes sobre si debería decirle algo.

No dije nada.

Entonces, del silencio surgió la brutal incomodidad de las miradas rápidas e inseguras, de intentos inútiles de salvar la situación y deseos urgentes de no haber nacido.

La tensión aumentó al punto de ser evidente y reaccioné rompiendo la parálisis. Puse la mano arriba del Mouse e intenté clikear, pero había un dedo como obstáculo. La verdad de lo que estaba ocurriendo tardó en formarse en mi cabeza, hasta que me golpeó tan fuerte que la sorpresa me impidió moverme.

Me quedé con mi mano sobre la suya, por unos segundos que duraron siglos.

Pero eso no fue lo peor: en la pantalla de pronto apareció el dibujo de un CLIP que sin más introducciones comenzó a golpear el vidrio del monitor. Me volví loco. El clip seguía allí, levantando las cejas y diciéndome con la mirada lo mucho que le indignaba que mi mano estuviera sobre la de la chica.

Logré moverme y ocultar el arma con que había cometido el crimen. Los cinco litros de sangre de mi cuerpo se concentraron a ambos lados de mi cara, pero eso no fue nada comparado con la marca que quedó impresa en mi cabeza para siempre.

Mi fobia a los clips.

El anhelo de una vida perruna.

Posted in General on abril 28, 2008 by agustinvidal

Quiero ser un perro.

Quiero poder dormir afuera, ser mi propia estufa. Quiero no poder hablar, pero que me hablen como si entendiera. Quiero queno me den bola, pero siempre estar ahi. Quiero comer las sobras, vivir de mis dueños. No quiero ver tele, ni usar internet y ni hablar por teléfono. No quiero viajar en tren, ir a la facultad ni trabajar nunca. No quiero tener un documento, no quiero tener un apellido.

No quiero hablar, ni escribir, ni cantar. No quiero bañarme, lavarme los dientes ni salir de mi casa. No quiero atender el teléfono. No voy a atender el teléfono.

Quiero quedarme tirado, respirando y no vivir más de 15 años. No quiero tener razón, coherencia ni nada que se le parezca. No quiero tener espíritu ni seguir ninguna religión. No quiero pertenecer a nada. 

Quiero ser un perro que desea ser una planta.  

Pensando en un boliche.

Posted in General on abril 28, 2008 by agustinvidal

La fiesta electrónica se celebra en un útero gigante.

Las paredes, las columnas y el suelo tiemblan al compás de los tambores gigantes, mientras que abajo, sobre la pista de baile hierven personas. Los brazos se retuercen en movimientos flameantes, movidos  por la música que desestabiliza el aire.

Las luces revientan, la adrenalina sale disparada a una velocidad vertiginosa en los cuerpos que vibran, saltan y viven una sensación casi metafísica. Lo que explota dentro de los parlantes gigantes los une a todos; coordina sus movimientos; entremezcla sus personalidades; funde sus almas en medio del enrejado láser convulsivo.

La masa de gente siente lo mismo. El mundo desaparece, no participa de la fiesta y sólo queda el éxtasis que los envuelve a todos en convulsiones colectivas.

 

 

El Tiempo esférico.

Posted in General on abril 16, 2008 by agustinvidal
El universo entero se cierra sobre sí mismo. La gravedad que lo mueve aumenta y todo avanza hacia el centro de aquél embudo, donde las órbitas se pierden en la velocidad vertiginosa. Las distancias se acortan; las galaxias colisionan entremezclando sus colores y convirtiéndose en grandes explosiones de luz y calor. El espacio fluctúa. Todo se contrae de un momento a otro en un punto ínfimo de infinita energía y gravedad.
Y entonces sucede que la temperatura, la densidad y todo lo que existe se multiplica al infinito en una situación incomprensible que distorsiona alocadamente la duración del tiempo. El caos se ordena al llegar al final del embudo y todo lo que existe se fusiona en una sola realidad homogénea, perfecta, que dura mucho menos que un segundo y mucho más que miles de millones de años.
Lo imposible ocurre y todo pasa del otro lado del oscuro embudo. El tiempo se invierte… y todo vuelve a suceder.

Un poema a la vagancia.

Posted in General on abril 15, 2008 by agustinvidal
Que fiaca me da escribir.
Que fiaca me da clikear en “publicar entrada”.
Que fiaca me da apretar la X en la esquina.
Que fiaca me da levantarme de la silla.
Que fiaca me da preguntarle a Matías la hora.
Que fiaca me da ordenar las cosas para mañana.
Que fiaca pensar en ordenar las cosas para mañana.
Que fiaca pensar en qué comemos mientras preparo las cosas para mañana.
Que fiaca me da bajar las escaleras.
Que fiaca me da pensar en sentarme en la mesa mientras bajo las escaleras.
Que fiaca me da pensar en empezar a comer mientras me siento en la mesa.
Que fiaca me da pensar en pedir la sal cuando me siento en la mesa.
Que fiaca me da dar el primer bocado, pensando en la posibilidad de que tenga que pedir la sal nuevamente.
Que fiaca me da terminar de comer pensando en que todavía me esperan 14 escalones para llegar a mi cuarto.
Que fiaca el picaporte.
Que fiaca sacarme la ropa.
Que fiaca tirarme en la cama.
Que fiaca quedarse despierto, sin poder dormir.
Que fiaca quedarse dormido sin darse cuenta…
Y que en un minuto ya tenga que levantarme.

Un accidente más.

Posted in General on abril 13, 2008 by agustinvidal
Vi el cuerpo de una persona despedazado por las ruedas del tren.
Seguramente, un cuarto de hora atrás en el tiempo, esta persona cualquiera volvía de trabajar, estudiar o simplemente pasaba por ahí, acercándose a las inseparables vías que más adelante rociaría con su sangre mientras sus miembros se desgarraban.
Yo todavía estaría en la estación, ansiando a que la locomotora se asomara de una vez. En aquél momento me parece que estaba escuchando algo en el MP3, mientras indagaba el rostro de las personas que también estaban esperando a que la lombriz metálica surgiera del costado de la estación. Un rumor creció y el suelo tembló hasta que por fin el tren que apareció se detuvo. Tuve que esquivar la cascada de gente que bajaba por las puertas para recién entonces entrar y sentarme en uno de los estribos. El tren arrancó, justo cuando aquél hombre recién estaba a unas pocas cuadras de reducirse a un mazacote de carne picada.
El viento me sacudía tanto como el vaivén de las vías, y los puentes me pasaban aullando a unos centímetros. Vaya a saber uno lo que estaba pensando el hombre que caminaba lenta o rápidamente hacia las gemelas de metal que trasformarían sus piernas en secciones gelatinosas unidas por tendones y huesos blancos.
Yo me agarré de la puerta para asegurarme de que el vértigo no era ninguna amenaza. Los árboles, edificios y paredes eran líneas horizontales de vivos colores, y me daba la sensación de que aquella fugaz cercanía podría succionarme. La bocina del tren me sacó del ensimismamiento.
Lejano, como perdido en nubes, resonó aquél chillido que se abrió paso entremezclándose con los pensamientos que esa persona amasaba en su mente. Bajo sus pies brilló una de las vigas y estaba por cruzar la otra cuando el temblor lo sacudió y giró la cabeza, dándose de lleno contra un muro macizo de metal que le pasó por arriba. Una pierna entera se separó del cuerpo bajo el filo de las ruedas y siguió girando por debajo de todo aquél engranaje que picaba a su dueño.
Una rueda y otra pasaron por encima suyo, dividiéndolo hasta que la máquina lo escupió hacia afuera. Todo fue tan rápido que el pobre hombre seguía vivo cuando la noción de que sólo su cabeza y torso le pertenecían, resonó en su cabeza ilesa. Y ahí, convertido en carne destripada desvió la mirada hacía el tren que frenaba, pero que todavía se deslizaba lentamente a unos pocos metros.
Y entonces, sorprendido como nunca del desfile de miembros regados, me topé con la peor de las miradas.

Demasiado macabro.

Posted in General on abril 6, 2008 by agustinvidal
-¿Por qué le hiciste eso a papá y a mamá?
Los ojos vidriosos del niño estaban todavía demasiado entretenidos con el uniforme de policía, y sin embargo las palabras salieron de su boca con una inocencia que sorprendió a todos en la habitación.
-Cada vez que yo iba a su cama, escuchaba que Papi le decía a Mamá que no podía dormir.
La aguda voz flotó en el aire y el rostro crispado del pequeño amenazó con quebrarse a llorar. Estaba anonadado al ver tantas personas desconocidas en torno suyo. Acumulando valor, siguió hablando mientras apretaba contra su pecho al perrito de peluche. El juguete manchado.
-Cuando le pregunte a Mami qué hacía con ese cuchillo, ella me dijo que los tomates eran felices cuando los cortaba –añadió y luego escondió la cabeza en el peluche para fruncir los labios y llamar a su mamá.
El policía se levantó pero en el último momento sintió que le tiraban del pantalón. Al volver su mirada, apareció a sus pies la cara del niño.
-¡SH! –un dedo rojo cruzaba su pequeña boca –a papi déjenlo dormir.