Archivo para junio, 2008

No hay café; Mamagosila

Posted in General on junio 21, 2008 by agustinvidal

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“Una pregunta retórica”.

Posted in General on junio 9, 2008 by agustinvidal

Tu buen humor dura menos que un pedo en una canasta.

Posted in General on junio 9, 2008 by agustinvidal

Crónica de una mente retrasada… 45 minutos.

Posted in General on junio 2, 2008 by agustinvidal

 

Hoy llegué 45 minutos tarde a clase. No fue ninguna sorpresa por que el reloj marcaba las siete cuando lo vi por primera vez desde la cama, así que me fui mentalizando de todos los contratiempos que aparecerían.

Corrí pasando por alto la boletería y me colgué del tren que se me escapaba. Una vez dentro, fue un infierno; nunca sufrí tanto la lentitud con que se deslizaba por las vías. Sentía los minutos que pasaban como una marca al rojo vivo por mi conciencia. Tenía que pensar en algo que me alejara de aquél suplicio, así que busqué con la mirada algo en que concentrarme, cualquier cosa que no fuesen las estaciones que pasaban lentamente por detrás de la ventana. Entonces vi como la mujer de enfrente abría un Activia. Tránsito lento.   

Dios, te pido que proveas de Activia Regularis a toda Buenos Aires y así combatir el tránsito lento de sus intestinos de metal. Qué gracioso sería salir de tu casa y encontrarte con una pesada capa de Activia Regularis cubriendo la vereda como si fuera nieve rosa.

“Cree que el mundo es rosa”… y obviamente.

Cometí el error de fijarme el número de estaciones que habíamos pasado. TRES.

Pero la puta, parecía como si cada vagón fuese un ancla para la locomotora.

Me puse a pensar en la fiaca de la Locomotora de tener que trasladar a trescientos cincuenta y dos personas, nosé cuántas veces al día y encima que tu nombre signifique motor de locos. Y como para mantenerse cuerdo si sos el método preferido de suicidio… ¿Tendrá algo que ver el término “vagón” con la vagancia o pereza de la Locomotora?.

A todo esto nos quedamos parados en Tropezón como cinco minutos. Seguro el tren se detuvo ahí en honor al nombre de la estación. La puta madre.

En el resto del viaje decidí relegar mis pensamientos al azul del cielo y en lo que haría si tuviera un millón de pesos. No se, esas cosas que uno sueña nada más por que el otro las sueña. No hubiese estado en ese tren si tuviera la plata para mandar a fabricar un teletransportador que me dejara en la facultad en menos de un segundo. Pero ¿en qué carajo estaba pensando? Si tuviera suficiente plata viajaría en Charter o compraría un departamento al lado de la facultad. Lo preocupante es que la idea del Teletransportador apareció primero que la del Charter o la de comprar un Dpto. ¿Qué lógica es esa?

(¿Qué te duele?

La cabeza.

¿Qué parte?

La lógica. ¿Voy a tener que faltar al cole?)

En fin, perdido en esas cavilaciones me di cuenta de que había llegado y caminando las siete cuadras que me separaban de la facultad, me pregunté qué le iba a decir a la profesora cuando abriera la puerta y todos me miraran.

Posibilidades, posibilidades, posibilidades. Tenía que usar la psicología para que me pusiera presente. ¿Cómo hacer para que 45 minutos parecieran una nimiedad?

-Disculpe profesora, llegué 40 minutos tarde por que…

No, si bien no se daría cuenta de los 5 minutos de diferencia, seguía sonando como mucho tiempo.

-Disculpe profesora, llegué media hora y diez minutos tarde por que…

No, demasiado ovbio.

-Disculpe profesora, llegué Dos mil setecientos cuarenta y dos segundos tarde por que…

No, por más que la palabra “segundos” al final diera la sensación de poca duración, los números eran demasiados.

-Disculpe profesora, llegué tres cuartos de hora por que…

Tampoco, suena demasiado calculado.

Y entonces, cuando justo doblaba la esquina para enfrentar la puerta, saltó de entre mis pasos la frase perfecta.

-Disculpe profesora, llegué un poco tarde por que…

Era excelente. Perfecta. Fascinante. Entré con toda la furia.

-Permisooo…Disculpe, profesora lle….

-No, no, está bien.

La concha del mono.