Archivo para septiembre, 2008

Ermi

Posted in General on septiembre 29, 2008 by agustinvidal

(Creo que) Las relaciones humanas son agotantes, infinitamente complicadas e insoportables.

El tiempo que se pierde en ellas es incalculable y cuando uno logra sacárselas de encima el rumor de su falta retumba varios miles de años. La libertad de no depender debe ser un paraíso. A la mierda con los bosques, arroyos y ángeles pululando por ahí; lo único que necesito es una montaña a cinco mil metros del suelo de un planeta lejos de esta galaxia, en la sexta dimensión, alejado de cualquier universo en el que haya algún otro hombre.

¿Tan extraño es querer afanarle la bicicleta a E.T y salir volando hacia el espacio, dejar atrás una vida imbécilmente enfrentada para llegar a desligarme de todo lo que me ahoga?

Flotar en aguas transparentes, a la deriva en un mar infinito. Mirando al cielo sin nubes, destruyendo nuestros oídos con el silencio atronador de la soledad.

Plantar un árbol, tener un hijo, escribir un libro y aprovechar al primer marciano en bicicleta que se nos aparezca. 

Anuncios

Una partecita nomá.

Posted in General on septiembre 23, 2008 by agustinvidal

 -¡Tenemos que salir ya!

El edificio estaba abandonado, todo enclenque y la única puerta de aquella habitación amenazaba con abrirse de golpe dejando entrar al millar de hombres que los perseguían.

Con el corazón desbocado, la pareja tanteaba las paredes y arrancaba las fundas que cubrían muebles y cuadros. Unos pisos más abajo, la escalera se llenaba de pies atolondrados que rebasaban los escalones como una avalancha ascendente de hombres dispuestos a atrapar de una vez por todas al hombre y a la mujer.

-¡Tiene que haber algún espejo por algún lugar! –gritó el hombre desnudando las paredes cubiertas y dejando detrás suyo una estela de sábanas cayendo suavemente al suelo.

-Voy a trabar la puerta, ya no tenemos mucho tiempo –dijo la mujer, consciente del alud de pasos que se precipitaban por la escalera desvencijada.

Y entonces el hombre soltó un grito de júbilo al descubrir un gran espejo ovalado detrás de las polvorientas telas. Logró descolgarlo de la pared y apoyarlo en el piso con mucho cuidado; si llegaba a romperse, ya no habría salida.

-¡Rápido: necesitamos dividirlo!

La mujer trabó la puerta con una silla inclinada debajo del picaporte  y corrió al lugar donde su marido se concentraba en el gran ovalo que yacía en el suelo. El revuelo en las escaleras crecía y los gritos hervían cada vez más cerca. Entre los dos pudieron librar el cristal del marco y limpiar la capa de polvo de su superficie con las manos temblorosas. Sin entorpecer el frenesí de sus movimientos, el hombre sacó de su bolsillo una navaja bien afilada y con ella seccionó lentamente el vidrio a la mitad. Un golpe suave sobre la línea y ahora había dos espejos con forma de semicírculo.

Hombre y mujer se movían simultáneamente como en una coreografía; sin titubear ni decirse ninguna palabra enfrentaron los dos espejos apoyándolos en los muebles para que se mantuvieran firmes. La pareja se ubicó acuclillada en el medio: el camino que se creaba al rebotar el reflejo de los espejos enfrentados, estaba abierto y libre para escapar: ninguno de los dos se reflejaba.   

La mujer fue la primera en aventurarse arrastrándose y gateó hacia la curva que describía el pasadizo. Siguió hasta que un ruido cortó sus movimientos en seco. Con los ojos desorbitados, miró sobre sus hombros.

-¡NO!

Su marido había estado a punto de entrar a su precaria vía de escape, pero justo en ese segundo la puerta de la habitación se había abierto con una patada del otro lado.

-No pares.

El alarido de la mujer retumbó en el pasillo; el hombre le respondió con una sonrisa antes de que el pequeño recuadro que daba a la habitación desapareciera y quedara en su lugar el mismo pasillo vacío extendiéndose infinitamente.

Impensable era la distancia que la separaba ahora de su compañero de vida, que había echo estallar los espejos contra el suelo y se había clavado la navaja en el pecho. Murió a los ojos del círculo de personas que seguían amontonándose en el recinto, preguntándose unos a otros cómo era posible que la mujer hubiera escapado.

Por su lado, ella quebró en sollozos mientras avanzaba por el pasillo que se fue dilatando hasta permitirle ponerse de pie y comenzar a correr. Pero a los pocos metros una luz se le vino encima y se dio de lleno contra su propia imagen. Casi desvanecida por el golpe, había perdido el equilibrio y terminado en el suelo de metal. Miró a su espalda y un segundo reflejo de ella misma le indicó que el paso se había cerrado.

Entonces la puerta del ascensor se abrió lentamente y una anciana la recibió del otro lado ahogando un grito de sorpresa.

-¿Está usted bien? –entró tendiéndole un brazo apergaminado y huesudo.

Pero la mujer desparramada por el suelo no le contestó; se limitó a ponerse de pie torpemente y salir corriendo esquivando a la señora que la siguió con la mirada hasta que se cerraron las puertas.

La anciana apretó el número de su departamento y en el trayecto sintió que aquella extraña mujer había despertado en su cabeza lejanos recuerdos, nublados por la vejez y el tiempo. La conocía, eso era seguro, pero su memoria se diluía como papel en el agua y todo era demasiado confuso como para seguir pensando en ello.

Aprovechó uno de los espejos para arreglarse el pelo.

 

 

Aguscentrismo.

Posted in General on septiembre 23, 2008 by agustinvidal

Remarco cada letra y el tembloroso lápiz vuelve al mismo recorrido. La cabeza en gris.

 

Pasa un alumno de la facultad por atrás mío, pide un café. Capaz es un compañero de clase, capaz no. Él me debe haber visto como uno más entre todos, estudiando, escribiendo en un cuaderno. Le dan la taza humeante, tira el ticket y se va, dejándome pensando en una mesa de la cafetería. Debió haber tomado alguno que otro sorbo para no volcar mientras baja las espaleras, sin saber que sigo husmeando en su cabeza, sin tener idea de que, un piso más arriba, yo estoy mezclando las letras de manera que construyo en la hoja un mensaje sobre él.  

Sigue bajando; los escalones se deslizan bajo sus pies. Pudo haberse detenido o puede que no, pero por mi lado voy perdiendo la señal de sus pensamientos; se van nublando a medida que se aleja de estas mesas, de este lugar en el tercer piso.

De repente siento lástima por él; ingenuamente está saliendo de mi mundo creyendo que hay una realidad esperándolo.

Dejo de pensar en él y su existencia se reduce a un ticket en el tacho de basura.

Posted in General on septiembre 1, 2008 by agustinvidal

Posted in General on septiembre 1, 2008 by agustinvidal