Archivo para febrero, 2010

Nos pasa por frágiles.

Posted in General on febrero 14, 2010 by agustinvidal

El sol se había escondido hacía unas horas, y la melatonina comenzó a recorrer el cerebro de Juan ramificándose en árboles neuronales hasta producirle sueño.

Se acostó en la cama y los músculos de su cuerpo fueron perdiendo la tensión hasta quedar completamente relajados. La conciencia juntó sus cosas y fue replegándose hacia adentro con el propósito de juntar fuerzas para el día siguiente. Juan ni se dio cuenta; ya no estaba en aquella cama, estaba desconectado del mundo entero mientras su corazón y pulmones trabajan en piloto automático sin molestarlo.

De la misma manera que la hormona del sueño había tomado su cerebro, otra nueva creación se esparció, pero no sólo por la cabeza, sino que la nueva hormona bajó por el cuello y alcanzó cada extremo de su cuerpo a través del torrente sanguíneo. Ahora estaba paralizado, preparado para vivir otra realidad paralela sin traer consecuencias físicas a este mundo. En su cabeza se movería e imaginaría cada movimiento, pero seguiría postrado en una cama hasta que la sustancia impregnada en sus músculos se diluyera.

Y entonces Juan abrió los ojos y vio el campo. Reconoció la imagen y se sentía tan familiarizado con el entorno que ni se preguntó de dónde lo conocía. Lo recorrió, sintió calor y se bañó en el arroyo que dividía las praderas. Caminó y rodó por los pastos largos que se movían en olas por el viento que agitaba también los árboles.

Si alguien hubiera prendido la luz y se hubiera acercado a los ojos del muchacho que dormía, podría haber notado que detrás de los párpados cerrados, sus ojos temblaban. De un lado al otro, sin parar y con un movimiento eléctrico. Fue en ese momento en que por alguna razón su conciencia asomó la cabeza y despertándose de a poco, se asomó al exterior.

Juan se dio cuenta de que era un sueño. De pronto lo supo; trató de recordar de dónde conocía las praderas, el cielo y el arroyo que pasaba a su lado y no pudo obtener ninguna respuesta. No conocía aquél paisaje. Miró sus manos, de un lado y del otro y luego las frotó sintiendo el roce de una contra otra. El sabía que no era real, que sus manos estaban separadas, en su cama. Y sin embargo las veía moverse a la luz del sol y sentía la brisa entre sus dedos. Se acercó al arroyo y escuchó el agua correr. Tampoco existía. Metió la mano y la hundió hasta el codo, sabiendo que aquella sensación de frescura también era mentira.

Entonces intentó despertarse, salir de allí. Gritó con todas sus fuerzas pero el cielo ni se inmutó. Todo seguía allí, cada detalle de la imagen estaba anclada en su mente, como si fuera la más viva realidad. Arrancó el pasto, y se lo metió en la boca, cayendo en la cuenta de que sentía lo mismo que cuando de chico había hecho eso. No tardó en impacientarse y se desesperó. Removió la tierra que se escondía debajo de la alfombra verde y descubrió un agujero. La tierra que removía a los costados caía dentro de él mientras cavaba.

En su cuarto la oscuridad era total y en el cuerpo apagado del muchacho, comenzó la restauración de sus órganos responsables de los cinco sentidos, cansados de relatarle a Juan el mundo durante muchas horas seguidas. Sus oídos durmieron en el silencio, sus ojos en la negrura.

-Che, flaco. ¿Qué hacés?

Se volvió sobresaltado, con las manos en la tierra bordeando el agujero que agrandaba. Miraba una réplica de sí mismo que no tenía rasgos muy detallados, pero que sin embargo le daba la seguridad de que era él.

-Estoy soñando. ¿No?

-¿Si, pero por que rompés el pasto?

-Para despertarme, no sé –contestó Juan sacando las manos del agujero en la tierra y limpiándose los dedos en su pantalón.

-Eso ya no depende de vos, sino de mi -contestó su otro yo. Y luego añadió metiéndose las manos en los bolsillos –Es raro que estés consiente.

-¿Quién sos?

-Soy tu misma persona, pero la posta. Vos sos sólo la máscara que me pongo para enfrentar el mundo y seguir viviendo de él. Pero vos no podés entender que sos una máscara nomás, es imposible que la idea se adapte a tu mente, por que simplemente te creé para que no seas compatible con ese conocimiento. No lo verías aunque quisieras.

-Basta, despertame si tenés el poder. Quiero volver a ser yo.

El otro sonrió. Y luego lo corrigió.

-Querés volver a creer que sos alguien con libertad de elegir.

-Si, quiero eso. Mientras crea que soy libre en mis actos, no me importa que no lo sea. Quiero volver a tener la certeza de que es así.

-Pero no lo es, Juan– y luego le señaló el pozo detrás de él -¿Querés seguir cavando?

El muchacho terminó de limpiarse las manos, negras de tierra, llenas de la bacteria de la verdad.

-Te dije que no, quiero despertarme y sentir la certeza viva de todo lo que quiero creer. Quiero certeza verdadera o falsa, pero mientras sea certeza. La necesito.

-Te estoy dando ahora la única libertad de elegir. ¿Querés seguir con el pozo y saber o volver al paraíso de tus sábanas y el colchón, a la utopía de lo certero, lo concreto y lo real?

Juan lo miró serio. Tenía su naturaleza entera tirándo a un lado y ni atisbó la duda en su rostro. Se levantó del suelo y con la pierna fue devolviendo la tierra a su lugar y luego escupió el pedazo de pasto de sabor amargo que le había quedado en la boca.

El otro Juan, lo miró todavía con las manos en los bolsillos. Luego dijo:

-Te devuelvo entonces la herramienta defensiva indispensable para ustedes; la ignorancia.

– Si, por favor, ya bastante tengo. Nos vemos.

-No, yo a vos nomás.

Una pequeña dosis de una Hormona llamada Adrenalina se inmiscuyó lentamente en la sangre y el cuerpo del muchacho en la cama fue ganando vitalidad y calor; sus músculos volvieron al estado natural de contracción y unos minutos después Juan pudo abrir los ojos. La luz entró ahuyentando el sueño e iluminando su conciencia, que sintió algo raro en sus ojos y se rascó sin darse cuenta de que acomodaba una venda que por unos momentos se había sacado y vuelto a poner.