Archivo para septiembre, 2012

Nuevo cumpleaños.

Posted in General on septiembre 9, 2012 by agustinvidal

Uno debería escribir una parte de su testamento todos los días. O al menos un testamento por semana. Por si acaso.

Principalmente la raíz de la mayoría de todos mis errores fueron por mucho tiempo no haber confiado en mí mismo antes que en los demás. Y si, obvio, si cuando tenía 8 años mi vieja me decía que tal amigo era una mala influencia, yo lo creía.

Pero después uno crece y las opiniones propias empiezan a emerger, muchas veces en forma de preguntas, de cuestionamientos hacia el sustento de aquellas afirmaciones que en nuestra cabeza se disfrazan de certezas.

Y es feo desenmascarar tus certezas, por que la mesa queda vacía y comés solo. Cuanto menos certezas tenés, más solo e inseguro te sentís.

Yo hasta hace poco, estaba lleno de certezas, las había moldeado y cuidado para que me acompañaran, para que llenaran ese vacío, para no sentirme solo y compartir esas certezas con el mundo que me rodeaba, para poder escuchar sus conversaciones y sobrevivir a la angustia existencial de no entender nada, ni mi propio estar.

Pero a veces pasa que un estado de sincerismo crudo con uno mismo, invita a que el cuestionamiento infantil vuelva, preparándolo a uno para dar otro gran salto. En eso me di cuenta que las certezas que estaban en mi mesa, en realidad no eran reales. Eran imágenes, figuras de barro pintadas y sentadas alrededor mío como muñecos de colores hablando, haciendo ruido y jugando a ser.

Y cuando las ves realmente, ya no es lo mismo, no; nunca más. Tu mente cambia de bandera y ahora sabés que no hay certezas, no hay certezas sobre nada. Todo es barro, y anhelamos convencernos de lo contrario para no angustiarnos y preguntarnos quién mierda somos y para qué estamos, y esperar esa respuesta nos deja llorando en la mesa, como si fuéramos huérfanos de nosotros mismos y como si alguna vez nuestra vida hubiera tenido sentido en el pasado. Es una especie de maldición: darte cuenta de todo eso implica renunciar al mundo en que naciste y en el que te criaron, por que ya tu cabeza no se conforma con certezas de barro.

Si la cosa terminara ahí, no habría nada más que hacer. Pero por suerte no. Irónicamente, cuando nada queda, cuando ya todo parece ridículamente caótico, a veces nos llega algo desde el silencio. Tal vez siempre estuvo ahí, por debajo de las conversaciones y las risas de las otras certezas, o tal vez es algo nuevo que viene a modo de premio por enfrentar la angustia existencial, pero la cosa es que ese silencio se transforma (como si siempre hubiera sido) en la única certeza muda, sin barro y sin cuerpo. Una conciencia de sentido que hierve en el corazón y sube con presión a la cabeza, donde se despliega enmudeciendo la palabra.

Esta certeza no llena el vacío interior, por que en realidad ese vacío también es de barro.

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